jueves, 27 de noviembre de 2008

:: El Día Señalado ::

Después de haber sido respondidas la preguntas
1- ¿Louis es culpable?

2- ¿El juicio debe ser sometido a la aprobación del pueblo?

3- ¿Cual será la pena a imponer?
Con un afirmativo y muy peleado SI

El 21 de enero seria el día escogido




A las seis de la tarde el cura entra en los aposentos del Rey. Luis habla un poco y le lee su testamento. Luego le pide pasar con el al gabinete vecino para entrevistarse con su familia. Marie Antoinette entra, llevando a su hijo de la mano. Con ella vienen la Señora Elizabeth y la Señora Royale, Todos lloran. Es el momento más doloroso de la familia real. El momento culminante en donde se miran como humanos, despojados de toda vanidad, de todo título, de todo protocolo.


Cuando llegó al sitio donde estaba la guillotina se arrodilló al lado del cura y recibió su última bendición. Los ayudantes de Samson intentaron, seguidamente, amarrarle las manos, pero el Rey, indignado, los rechazó diciendo que eso no lo permitiría jamás. Los verdugos estaban prestos a usar la fuerza, pero el abate Edgeworth aconsejó a Luis: "Haga este sacrificio, señor. Este nuevo ultraje es un nuevo trazo de similitud entre su majestad y Dios." Efectivamente, los verdugos ataron sus manos atrás con un pañuelo y, además, cortaron sus cabellos. Apoyado en el abate sube hasta la guillotina y en el último minuto Luis se desvía y camina hacia el borde de la plataforma en dirección de Tuilleries, haciendo callar los tambores con sus gritos. "¡Franceses, yo soy inocente, yo perdono a los autores de mi muerte, yo ruego a Dios para que mi sangre vertida no caiga jamás sobre Francia! Y ustedes, pueblo infortunado... En ese momento Beaufranchet, el ayudante general de Santerre, se precipita a caballo sobre los tamboreos y les da la orden de tocar. El Rey intenta callarlos, dando golpes con su pie sobre la tarima, pero ya nadie le oye. Los cuatro verdugos, a la fuerza, lo tumban sobre la plancha de la guillotina. El rey se resiste, grita. La cuchilla baja con rapidez extraordinaria y corta su cabeza chispeando de sangre al abate. Samson coge la cabeza por los cabellos y ¡la muestra al pueblo!Los federados, los fanáticos, los furiosos radicales, suben a la tarima y ¡mojan sus sables, sus pañuelos, sus cuchillos y sus manos con la sangre del rey! Gritan "¡viva la nación!", "¡viva la república!", pero casi nadie les responde. El verdadero pueblo enmudece, palidece, queda estupefacto. Una leyenda famosa en Francia asegura que el abate le dio el adiós al rey gritándole: "¡Hijo de San Luis, suba al cielo!" El pueblo se dispersa lentamente. Con estupor. Con incertidumbre. Con un sentimiento tan contradictorio como la misma duda. La sensación es de desasosiego, incertidumbre, malestar en el alma...No era para menos: La revolución se apresuraba a devorar la sangre de sus más hermosos hijos.

2 comentarios:

J.Lasso dijo...

Una entrada muy clarificadora, felicidades.

Black-R dijo...

Muy buenaentrada si, enhorabuena ;)